jueves, 17 de septiembre de 2009

Pequeñas verdades más inmensas que catedrales católicas

Cuba e Internet
Menos cinismo, por favor

Rosa Miriam Elizalde
Rebelión


Nadie se conecta a Internet invocando palabras mágicas. Por lo menos se requieren de tres condiciones ineludibles: la red de telecomunicaciones, las computadoras o equipos electrónicos que dialogarán con sus pares en el mundo y una cultura del uso de estas tecnologías. Si se vive en una isla, se necesita además de cables submarinos para enlazarse a redes continentales más eficientes que las transmisiones satelitales, muy caras y muy lentas.

El bloqueo decretado por Estados Unidos a Cuba existe desde antes del nacimiento de la Internet en 1969 y ha supuesto –y supone todavía- un obstáculo frontal a que esas condiciones sean propicias para la Isla. Cero tecnología electrónica puede llegar del mercado a 90 millas de nuestras costas, y hasta 1996 no había manera de conectarse con la red internacional, por decisión del gobierno de los Estados Unidos.

Desde entonces es posible, pero solo por esos satélites que convierten a los navegantes cubanos y a quienes visitan nuestros sitios web en mártires de la Internet. Desde 1996, repito, es posible, pero sin las prestaciones que puede disfrutar cualquier usuario que no sea cubano. Alegremente los principales proveedores de servicios en la web los han prohibido a rajatabla, haciendo suyas y aplicando muchas veces de manera extraterritorial las leyes norteamericanas. Aquí no se puede ver Google Earth, ni descargar Google Talk o Crome, ni usar el chat de Hotmail, ni acceder a los softwares gratuitos de Microsoft, ni adquirir dominios internacionales que parezcan favorecer el turismo hacia Cuba, por mencionar algunos servicios. Cuando detectan una IP cubana, estas empresas, estén en Alaska o en España, en París o Canadá, nos advierten que “usted no puede recibir este servicio porque vive en un país considerado terrorista por los Estados Unidos”, palabras más palabras menos.

Cada metro de cable y cada pieza de computadora, Cuba la ha tenido que comprar a precios hasta diez veces más caros en mercados al otro lado del mundo, mientras cada megabytes (MB) * de conexión contratado a Estados Unidos necesita de un permiso del Departamento del Tesoro. Hasta este mismo minuto, el país entero dispone de un ancho de banda similar al de un café internet en Bethesda, un suburbio de Washington: 302 MB de bajada y 180 de salida. O todavía más gráfico: el servidor en Alemania –Strato– que aloja el publicitado blog de Yoani Sánchez posee un ancho de banda 60 veces superior al que dispone toda Cuba: 20 gigabytes (GB).

Pero esta realidad se asienta sobre una paradoja que generalmente se obvia en los análisis sobre la Internet cubana. El país bloqueado por más tiempo en el mundo, acosado y satanizado, está en condiciones, como ningún otro en la región, de dar un salto tecnológico extraordinario en el uso de la Red de Redes, cuando tres de aquellas cuatro circunstancias que hablábamos al principio les sean realmente dadas.

Todas las escuelas primarias cubanas tienen laboratorios de computación, incluyendo aquellas a las que asiste un solo niño en los lugares más remotos de la montaña. La computadora es un instrumento familiar en todos los niveles de enseñanza, en todas las depedencias públicas y en todos los barrios. En una población de 11 millones de habitantes, 2 000 000 han pasado cursos en los Joven Club de Computación y cientos de miles de jóvenes estudian o han estudiado las carreras de Informática en politécnicos y universidades.

Si Cuba fuera un “enemigo de la Internet”, la muletilla de turno, ¿por qué ha invertido tanto en la preparación de la población en estas tecnologías, empezando por los niños de edades muy tempranas? ¿Por qué un país que padece un brutal bloqueo informático –además del otro que intenta rendirnos por hambre y enfermedades–, obstinadamente capacita a millones de personas y extiende en las provincias filiales de una universidad como la de Ciencias Informáticas, que no tiene nada que envidiarle a sus pares en el mundo? Si no le interesara que sus ciudadanos se enlacen a la red internacional, ¿por qué firmó un contrato con Venezuela para tender en próximos años un cable submarino de más de 500 kilómetros desde La Guaira hasta Santiago de Cuba?

La respuesta es simple: porque la decisión de Cuba de extender el uso social de la red no es retórica, y la inversión en estas tecnologías no empezó como en todas partes –favoreciendo primero a grupos económicamente privilegiados y elites tecnológicas–, sino facilitando los espacios sociales y preparando a todo el mundo para el gran salto tecnológico que necesariamente tendría que darse, con bloqueo o sin bloqueo.

De modo que la reciente publicación en la Gaceta de Cuba de la decisión gubernamental de extender el servicio de Internet en las oficinas de Correos solo explica que el país, por sus propios medios, busca nuevas fórmulas para mejorar las comunicaciones, pero en lo absoluto es una prueba de que Cuba ahora se abre a la Red de Redes. Está abierta desde el principio, porque le ha costado millones preparar a su gente, producir tecnologías propias e invertir a precios más caros en su infraestructura tecnológica, bregando además con implacables castigos, acusaciones, ciber-vedettes y trampas de los Estados Unidos.

Todavía está por ver qué se concretará de las recientes regulaciones de la administración Obama. Si entre las medidas anunciadas por el Presidente y los reglamentos para empezar a hacerlas realidad mediaron casi seis meses, las posibilidades de contratos entre empresas de los países para mejorar el servicio de telecomunicaciones puede tardar todavía bastante más.
Mi opinión personal es que si en breve el cable submarino norteamericano se extiende esos 15 kilómetros que median entre el Atlántico y La Habana, y las empresas de telecomunicaciones de ambas naciones negocian en condiciones de normalidad y respeto, el salto de Cuba en la Red será inmediato para beneficio de los cubanos y de la comunidad de Internet, bloqueada también por el bloqueo y excluida de los aportes científicos, las soluciones tecnológicas y los nichos de indudable valor cultural que posee la Isla. Y si esto ocurre, no será por voluntad de Estados Unidos, sino a pesar de este país. Es cínico olvidar que Cuba, sola y contra viento y marea, adelantó muchísimo en esta dirección. Y honor a quien honor merece.

viernes, 7 de agosto de 2009

¿¿¿¡Un marxiano en el Reino de la felicidad canalla de los Bribones FrancoBourbónicos!??


Hay personas que no responden al típico tópico. No es que persona haya que tomarlo en latín por máscara y blablabla para al final no decir nada... Si no que hay gente que no se puede abarcar en un simple abrazo porque son más anchos que un viejo roble y encierran algo más que múltiples mundos. Es el caso, por ejemplo, del septuagenario Paco Ibáñez. Hace unos días estuvo en el ciclo zubiético de Poesía en el Laurel. Nos entregó algo más que un momento de gozo o un simple motivo para el recuerdo.


Paco Ibáñez no es un simple mortal. Es algo así como un HOMBRE-INSTITUCIÓN. Él solito a lo largo de los años ha sabido labrarse con mucho tesón, esfuerzo, coraje; como si él sólo fuera una especie de Enciclopedia de la Literatura adaptada para ser recitada y acompañada con la humilde simplicidad de unas sencillas y modestas notas musicales. Y consigue unir gracias a su voz la palabra de la poesía escrita durante siglos en las más que complejas lenguas de los distintos pueblos que componen el actual Reino de las Españas.


Sólo él ha hecho más porque la literatura salga de los recintos, de los claustros, de los códigos a los que los sempiternos dividendos de la plusvalía nos quiere acostumbrar y con los que se encuadran a los distintos géneros literarios que cualquier Facultad de Letras de la Universidad que cualquiera pudiera elegir como modélica. Acaso: ¿hay alguna que pudiera disputarle solo un pedacito de su magna obra? ¿Quién en una Facultad de Letras, por ejemplo, enseña a amar leyendo a plenitud lo mismo a Rafael Alberti que a Gabriel Celaya o a Manrique lo mezcla con Quevedo y ayuda a entender las disputas de éste con Góngora? En el instituto de La Zubia, seguramente habría corrido la misma mala suerte que un profesor de filosofía, pues le habrían abierto un expediente por recitar los versos de Samaniego si los hubiera utilizado para explicar el amor platónico a los adolescentes sin ir más lejos. Y, sin embargo, se le ningunea como si lo que ha hecho careciera de importancia y no tuviera valor alguno.


Hay gentes que le critican -en muchos casos sin fundamento- lo que hace. Especialmente aquellos que opinan que todo lo estético es una puta cuestión de gustos -y, además, se creen que son de índole- personales. ¡¡¡Animalicos!!!


Hablar de lo que nos ha regalado Paco Ibáñez nos llevaría un espacio y un tiempo bastante extensos. No es este el momento. Sí queremos dejar constancia de que pese a que todo el mundo que nos habla de los veranos del Convento de San Luis del Real en La Zubia como si fueran algo mágico, nosotros no vemos esa magia por ningún lado. Y, en el caso del día del arreglista vascofrancés, menos aún. Qué quieren decir con lo de la magia. ¿Es que no tienen más vocabulario que magia, espíritu, alma para hablar de lo que hace la poesía y las otras artes con nuestras facultades más humanas y materiales?


Al público le faltaba algo más que chispa. Los comentarios de Paco Ibáñez sonaban como si quien los hiciera fuese una especie de extraterrestre, sonaban tan raras que parecían algo así como palabras de un marxiano en medio en una atmósfera de bribones del Reino de la socialmonarquía FrancoBourbónica. Algo fallaba en el ambiente. Una atmósfera bastante pestilente rodeaba el escenario. No había COMÚN UNIÓN entre las palabras del artista y los oídos del público... Ya habrá otros momentos para comentar con más calma algo así como nuestra intuición lorquiana, la de aquel Lorca que pidiera otro público para su teatro... más subversivo.

martes, 4 de agosto de 2009

El patético caso de Alvarito ¿el Mesías de las Buenas Letras de Cambio?

Javier EGEA en su piso zaidinero de la calle Óscar Romero
Al modo y manera que tan cansinamente escribía uno de sus maestros se podría decir que en este caso hay varios síntomas que convendría ir aclarando.


Los síntomas era un palabro que se usaba mucho por la estirpe pseudomarxista del chiflado criminal Luisito Althusser. Pero ¿no pertenece esa lectura de los síntomas a una concepción médica del cuerpo? ¿No es un síntoma, acaso, lo previo para poder después diagnosticar una enfermedad? Fuera como fuese, veamos. Vamos a ver.


El 29 de julio de este año se cumplían los diez años del suicidio de Javier EGEA en su piso zaidinero de Graná. Y su otrora amigo Álvaro SALVADOR publicó un artículo en el diario de la pseudointelectualidad del mester de progresía La Opinión de Granada que tituló EL LEGADO. Curiosa forma de homenajear a su antiguo amigo.


No lo recordó por ninguno de sus más que inolvidables versos. Los poemas de Javier EGEA tienen un algo muy especial: una vez que se leen y se releen sus palabras se pegan a nuestra memoria poética. Parecieran sus versos que fueran el recuerdo homérico de la palabra que se necesita para contar nuestras míseras vidas. No pasa nada parecido con ninguno del resto de los escribidores de rima -o no- a las que por vagueza mental se les conoce como poetas. A quién, una vez que lee "Poética", "Noche canalla", "Sobre el papel", "El Otro romanticismo", el principio de Troppo Mare, etcétera y por fortuna etc., no le entran unas ganas inmensas de copiarlos y difundirlos en cartas, blogs o simplemente enamorarse de alguien recitando esa inaudita potencia de la poesía de tan inconfundible raíz común...


No. Álvaro "El Mesías de las Buenas Letras de Cambio" no habló de la poesía de Javier Egea. Escribió mal -muy mal- acerca de un acto en el que se presentaba el inmenso trabajo que a los editores les ha llevado más de siete años en poner en orden: la riqueza de la obra publicada y póstuma del poeta granadino. Él no estuvo presente. Mandaría a alguien a que le hiciese la crónica. Porque sino no se entiende cómo un señor catedrático de Literatura Hispanoamericana pueda desbarrar tanto. No resulta nada extraño que su tesis doctoral fuese efecto de una muy especial donación ante tanta incapacidad para estudiar, investigar, escribir, razonar o, sencillamente, pensar. A saber cómo se hizo de la Cátedra...


En su artículo no daba una. ¡Vaya! que se equivocó en la fecha, en el sitio y hasta en los nombres. La fecha la colocó en mayo, del lugar también erró y habló en clave de petición de censura: algo así como diciendo cómo os habéis atrevido a usurpar el mismo lugar de la Academia de las Buenas Gentes -perdón, creo que es sólo de las Letras, aunque no sé si se referirán a las de Cambio- y cómo os lo han permitido. Insensatos. Majaderos. Lo pagaréis caro. Vaya osadía la de estos supuestos editores de tres al cuarto. Y ¿de los nombres? Ante tanto desbarre y despropósito se inventó hasta el nombre de un tal PÍO MORA. No sabemos si algún lacanito recibirá el encargo y estudiará el lapsus. Pues merece toda una investigación freudiana que analice el inconsciente -no sólo ideológico- de un sujeto tan abyecto y miserable. ¿A quién tenía en mente cuando escribió ese nombre? ¿A Pío Moa? ¿A Pío Alcántara? ¿A Gregorio Morán? ¿A Ángeles Mora? ¿A ...?


Ya en la primavera pasada, la Cátedra Federico García Lorca que dirige el poeta y profesor Antonio Carvajal, se proyectaron unas Jornadas de Homenaje a la Poesía de Javier Egea. No se hicieron. Por qué. Pues por los enredos mafiosos de los clanes de poder que anidan como ratas en los laberintos de la Universidad granadina. ¿Prohibición? ¿Censura? Esos clanes transmutan en plan alquímico los valores. Hacen pasar lo negro como blanco. Curiosamente la desinformada opinión pública mundial cree que fue el profesor José Antonio Fortes el que fue juzgado en octubre de 2008 y hasta condenado. Y no. Los hechos, el juicio y la sentencia hablan de otro sujeto tan vil y abyecto como el que escribió en La opinión el artículo de marras. Hasta el recién fallecido Mario Benedetti fue mal informado para que su firma constase en un documento en el que se exige que si eres un reconocido poeta laudeado con las mieles del éxito y catedrático universitario puedes insultar, amenazar, difamar, extorsionar a cualquiera que se te ponga por delante. Si tienes tanto poder como el innominado puedes fulminar a cualquiera que pretenda cuestionar hasta tu sombra. Hasta la mismísima Asamblea que se celebró a principios de diciembre de 2008 de Izquierda Hundida no tuvo ningún empacho en sacar un documento para apoyar los privilegios que han de poseer ciertas élites culturales. Vil y repugnante muestra de abuso de poder por parte de la totémica y anticorrupta siniestra transformadora.


El acto al que mal aludía don Alvarito en su artículo iba a formar parte de las Jornadas censuradas y prohibidas. El trabajo de los editores tenía un valor incalculable por sí mismo y se batalló duro para poder presentar su proyecto en el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada el 18 de junio de 2009.


Don Alvarito si realmente hubiera sido tan buen amigo de Javier creemos que se habría alegrado muchísimo de que por fin su obra comenzara a salir a la luz. Y, sin embargo, su estrategia ha sido otra. Muy otra. ¿Cuál? Desprestigiar hasta no se sabe dónde a las personas que en estos años sólo han intentado que el legado de Javier no se muera en el olvido. Sabe camuflar sus golpes. Sabe adornarlos para que parezcan realmente lo que no son. Y es que en realidad, al parecer, le duele muchísimo que haya gentes desinteresadas que trabajen, estudien y sepan valorar en los poemas de Javier la material historia de la poesía más excelente de nuestro tiempo.


Cualquiera puede leer los numerosos comentarios que se han ido añadiendo de manera espontánea al artículo del letrateniente de la Facultad de Letras. Resulta muy sintomático que nadie rompa ni una lanza por apoyarlo. Creo que se sabe muy bien de qué materia está hecha la palabra de tan miserable y patético articulista. Hay mensajes que no dejan lugar a dudas. Muestran conocer, desde tiempo ha, al personaje.


Esperemos que en breve el trabajo de Pío Alcántara y de Juan Antonio Hernández García pueda ver la luz. Sería impagable nuestra deuda para con ellos si esos cuatro inmensos volúmenes que presentaron en aquel acto del mes de junio pudieran ser leídos como se merecen en una página web de internet. Es lo mínimo que merece el inconfundible legado de un poeta universal como fue Javier EGEA MARTÍNEZ, conocido por sus entrañables como "Quisquete".

martes, 28 de julio de 2009

En el Puto décimo aniversario de tu amada ausencia




"[...] que sabemos que la poesía no hay que esperarla como la lluvia, que sabemos que hay que trabajar y empeñarse a diario a base de estudiar, de vivir, de leer, de contactar unos con otros dejándose de divismos y manteniéndose dignos en todo momento, sin llegar nunca a venderse en medio de toda la estructura sórdida capitalista de la explotación y de la muerte."



  • EGEA, Javier, "El amor es de carne y hueso, no llueve de las nubes (Entrevista: Eduardo Castro)". Diario de Granada, 10 octubre 1982, págs. 11-12

Sobre especulaciones de los caciques en el Reino FrancoBourbónico de los Bribones


Hace unos días el presunto anarquista José Manuel NAREDO dió a luz un breve artículo que tituló "Especulación y Caciquismo". Algunas páginas de internet, blog lo copiaron y pegaron para ver si así tenía mayor difusión.


Naredo juega en su breve entrega con dos ideas básicas. No se explaya en exceso. Pero sí que pone algunos puntos sobre algunas íes. Y lo mejor es que abre grandes posibilidades para hacer después reflexiones de largo alcance.


Quizá a algunas personas lo de caciquismo les traiga a la memoria algunos de los mejores trabajos de Joaquín COSTA en el pasado siglo XIX. Y aunque en los recientes tiempos de la "Traición a la República" se le haya marginado sus análisis siguen siendo pertinentes y de una gran actualidad. Pues el Reino de los Bribones Francobourbónicos no ha hecho otra cosa que generar un caótico estado de taifas regido por una red corrupta de impresentables caciques.


Los últimos treinta años los caciques que se han dado en proclamar alcaldes no han hecho otra cosa que especular caóticamente con el suelo urbano. Por no saber resolver no han resuelto ni problemas de agua, alcantarillado, basuras,... Y han dejado crecer junto a sus antiguos núcleos rurales una serie de urbanizaciones en las que el apartheid clasista se ha instalado de una manera bárbara. Durante un tiempo se nos ha querido vender que eso significaba modernizarse: asfaltar calles sin tener en cuenta ni siquiera alguna actividad de la economía campesina. Aislar al personal en guettos, aunque después se nos repita por activa o por pasiva de que ya no es tiempo en el que existan las clases sociales. Menos aún que pueda haber atisbos de su lucha. El modelo del que copiaron no resulta nada estrambótico ni lejanamente exótico. Cualquiera podría percatarse de cómo se edificó en la Costa del Sol malagueña, de cómo se instalaron las tribus rubiacas del Norte y, salvo alguna que otra excepción, el contacto con los "indígenas andaluces" fue menos que mínimo.


Han sido treinta años de un puto desastre urbanístico. Se han tirado a la cuneta todos los saberes campesinos y, por supuesto, se ha vapuleado hasta la saciedad todo lo que las vanguardias más comprometidas en clave arquitectónica nos hubieran podido enseñar. Una serie de rufianes se ha apoderado de nuestros pueblos ahogando cualquier libertad real que pudiera nacer en las entrañas mismas de nuestros pubelos. Una tiranía implacable se ha hecho con las riendas de los poderes municipales. Y ha tirado por la borda lo que podría haber sido otra forma de crecimiento alternativo, diferente y autogestionario.


Hemos progresado arrollando nuestros pueblos con una mentalidad paleopolítica. Los Bribones del Reino FrancoBourbónico han sabido especular con nuestras miserias y se han hecho de oro. Por supuesto, gracias a sus potentes medios de incomunicación nos han sabido dar sopas con ondas.


La historia de la saga de los Bribones tiene más que mandanga




Cualquiera puede hacerse con un diccionario de la lengua española y elegir entre varias miles de palabras al azar incluso. El monarca asesino de la saga francesa de los Bourbones ¡no! A él el dedo siempre se le va a la misma. Parece que le cansa leer, igual hasta no sabe mucho. Prueba de ello es su penosa lectura en cualquier acto público: aburre hasta a las ostras. ¿Quién puede aguantarlo en el machacante discursito que le suelta a todos sus súbditos por Navidad?



Su dedo cuando ha de elegir un nombre para uno de esos veleros que con tanto esmero le "regala" la más lameculista de las organizaciones empresariales siempre se va a la misma letra: la B. El marcador tiene que estar ya hasta las narices de no moverse. Pues después de la B se clavó en la r. Y así hasta completar en plan dinástico y en numerología romana media docena de Bribones.



Nos lo está diciendo a las claras como en el cuento del rey desnudo. Pero acá la servidumbre voluntaria de los súbditos inventa cualquier historia para hacernos tragar las ruedas de molino como fuesen si pequeñas aspirinitas... Y así nos va...

lunes, 27 de julio de 2009

Ni Estado ni Derecho: Por tanto ni Justicia ni tan siquiera posibilidad de Igualdad jurídica existen en el Puto Reino FrancoBourbónico de los Bribones



GABRIEL ALBIAC
ABC, Madrid, lunes, 27-07-09


¿TE acuerdas? Lo leíste tal vez demasiado pronto para comprenderlo. Pero no lo olvidaste. Tal vez porque, de la dictadura, sólo leer cosas como aquella te ponía al abrigo. Y, sí, tal vez era demasiado pronto para saber que ni aun después te iba a gustar demasiado vivir en esta tierra. Pero no lo olvidaste. Lo has comentado demasiadas veces en clase para necesitar siquiera buscar el libro: «Es necesario que, por la disposición de las cosas, el poder contrarreste al poder». Lo más probable es que tus alumnos nunca entiendan por qué esa nadería te conmueve más que otros resonantes manifiestos. Pero, a partir de cierta edad, sólo conmueve aquello que tiende al postulado matemático. Como esa fórmula glacial del Montesquieu al cual en vano comentas en clase; del cual, aún más en vano, has hecho el machacón uso de esos desesperados que se aferran a la bella precisión de las palabras allá donde las realidad niega consuelo. Sí, Montesquieu está muerto y enterrado. La democracia, también. Nosotros.




La línea de fractura en el voto del CGPJ sobre la Ley Aído se ajustó milimétricamente a la raya que demarca a sus magistrados en función del partido que propuso su nombramiento. Es lo más importante de lo que sucedió en la votación del jueves. Fue el verdadero entierro de Montesquieu, que una complacida barbarie anunciara, desde el gobierno GAL-González, en el inicio de los años ochenta. Y eso no escandalizó a nadie; lo cual es todavía más trágico. El jueves por la noche, yo escuchaba a una vocal del gobierno de los jueces dar por sentado que todos y cada uno de sus colegas se habían atenido religiosamente a la «disciplina de voto», a la cual el origen partidista de su nombramiento los ligaba. Lo extraordinario era que exponía eso con la placidez de quien exhibe un mérito. Para nada la desasosegaba la constancia de que un poder judicial cuyos miembros actúan como representantes de partidos políticos, sean éstos cuales fueren, ha dejado de ser un poder judicial, para transformarse en otra cosa: una instancia judicial de los partidos. Y que, conforme al aserto que todos los constitucionalistas juzgan su piedra fundacional, una sociedad en la cual la completa independencia y contraposición de poderes no está garantizada, «ha dejado de tener Constitución». No ésta o la otra. Constitución, en el rigor primordial del término. Porque Constitución e independencia de poderes contrapuestos son lo mismo; y todo lo demás –las precisiones históricamente determinadas de su funcionamiento– es efímero por accesorio.



Yo permanezco en este país, ya lo he escrito, porque he sido lo bastante gilipollas para llegar a la sesentena pobre. Pero sé –desgraciadamente no soy lo bastante gilipollas para no saberlo– que la ausencia de independencia judicial –esto es, de Constitución material– nada tiene de un riesgo abstracto o lejano. Es cada ciudadano en cada instante de su vida el que queda afectado por la falta de un Poder Judicial independiente. Porque es esa independencia, bellísimamente expuesta por el Abad de Sieyès en agosto de 1789 ante la Constituyente, la que garantiza al más indefenso, al más débil de los ciudadanos un respaldo legal más poderoso que el que pueda poseer el más fuerte de los individuos o de las instituciones. Cuando –como sucede en España– los partidos políticos nombran a los miembros del gobierno de los jueces, están erigiéndose a sí mismos en impunes: quien nombra, manda. Y la ley deja de ser igual para todos: los jueces han pasado a convertirse en jueces a la medida. No hay poder judicial autónomo aquí. No hay Constitución. Nadie es legalmente igual a nadie.